Un símbolo de fe íntima y de compromiso con el propio camino. La Promesa toma una forma que recuerda a la cruz, como un gesto de protección y conexión entre lo terrenal y lo espiritual.
Fundida en bronce, guarda en su centro un cuarzo lechoso encontrado en las montañas de Córdoba, piedra asociada a la claridad y a la calma interior. Cada collar se lleva con un cordón de cuero —marrón, beige o negro— y también puede sumarse una cadena de bronce.
Un amuleto para recordar aquello que prometemos sostener.
